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Dime qué emoción sientes y te diré qué necesitas

emociones

Escrito por Natalia Franco, Senior Coach Ontológico Asersentido.

En el último tiempo, muchas personas nos han preguntado sobre cómo controlar las emociones: “¿Cómo puedo dejar de sentir miedo o rabia?” o “¿Hay un modo de evitar las emociones negativas?” y si bien tenemos respuesta para estas preguntas, queremos hacernos cargo de atender la inquietud de base que hay detrás de ellas:  SABEMOS MUY POCO DE NUESTRO MUNDO EMOCIONAL Y CÓMO RELACIONARNOS CON ÉL.

A diferencia de otros saberes, este nos tiene en un estado de ignorancia transversal, que en nada se relaciona con nuestro nivel educacional, socioeconómico, edad, intereses o incluso tipos de personalidad, sino que en efecto, la educación social y académica que hemos recibido no nos ha entrenado para conocer las emociones, un mundo que vemos tan abstracto que incluso olvidamos que suceden en nuestro cuerpo, EN NOSOTROS (en todos nosotros), que tienen intensidad, que predisponen a pensamientos, creencias  e impulsos.

¿Qué son entonces las emociones? A modo práctico y comprensible para todos, diremos que ellas son un impulso o movimiento, como indica bien el significado del latín “emotio”, que a su vez encontramos en inglés como “e-motion” o “aquello que te mueve hacia…”, por lo tanto, ellas son un impulso que moviliza, predisponiéndote a realizar una acción. De este modo, su aparición siempre tiene un propósito, un sentido y da cuenta de una reacción ante los hechos del mundo. Dentro de la gran gama de emociones, podemos distinguir 6 emociones básicas que, tal como los colores primarios, pueden generan mezclas y paletas secundarias, que se han llegado a enumerar hasta en 270 tipos identificados de emociones mixtas. Toda esta “gama de colores” de la paleta emocional, te entregan un tipo de materia prima con la que puedes crear tu vida, eligiendo la mezcla de tonalidades más apropiada, según cada situación y propósito que busques alcanzar.

Y así como los colores, las emociones no son “positivas” o “negativas”, sino que simplemente son útiles o no a tu propósito, predisponiéndote a diferentes acciones y resultados. Sin embargo, por cada una de ellas podrás encontrar a lo menos 3 tipos de expresiones: una en equilibrio, una en déficit y una en exceso. Para darte un ejemplo, revisaremos 3 de las emociones básicas:

El miedo: En equilibrio, esta emoción nos habla de una pérdida futura valiosa que podríamos tener y esta emoción se hace cargo de protegernos para no perder aquello que valoramos, por ejemplo: nuestro trabajo, alguna relación, nuestra identidad pública, nuestra pertenencia, entre otras. Esta es la razón por la cual el miedo es necesario y vital, nos protege y nos permite ser prudentes. Tenemos una idea de que es malo tener miedo, sin embargo, el miedo en nuestras vidas tiene una función muy relevante, nos cuida, nos alerta. Esta emoción nos contacta con la precaución necesaria en nuestras vidas para proteger lo que nos importa. En exceso nos da cuenta del pánico o parálisis; mientras que en déficit nos presenta al temerario, aquella persona que siente que no tiene nada valioso que perder.

La rabia: En su equilibrio, esta emoción da cuenta de un daño o una injusticia que juzgo me sucede o le sucede a alguien, y esta emoción se hace cargo de defender aquello que puede ser dañado o de lo injusto. Si alguien insulta a un hijo nuestro, la rabia nos permite defenderlo, si en el trabajo nos atribuyen alguna responsabilidad por algo que no hicimos, la rabia nos permite defender nuestra identidad pública. Si aprendimos la rabia en exceso, aparecerá como violencia, entonces nuestra predisposición podría ser a atacar y no sólo a defender; mientras que si la aprendimos en déficit, sentiremos rabia pero se expresará en el mundo como impotencia, por esto es que es muy relevante aprenderla en su balance Esta emoción nos contacta con la fuerza necesaria para defender lo que valoramos.

La alegría: en su equilibrio da cuenta de la ganancia que podemos lograr y esta emoción se hace cargo de celebrar y reconocer lo ganado. Las ganancias pueden ser de muchos tipos, lograr un ascenso, que la relación con mi pareja funcione, que las metas que nos pusimos las logremos, en fin, todo aquello que nos dé cuenta de un logro en donde pueda celebrar, honrar, sentirme orgulloso. Esta emoción nos conecta con la posibilidad de celebrar, de descansar, de decir: Es suficiente y celebro. En equilibrio se expresa mediante la gratitud, celebración, descanso; en déficit se expresa mediante insuficiencia e ingratitud, mientras que en exceso se aprecia a través de la euforia o el derroche.

Como  ya habrás empezado a descubrir a este punto de la lectura, el primer paso para gestionar las emociones es conocerlas, observarlas en nosotros, atenderlas para autoindagarnos y saber qué estamos sintiendo en un determinado momento. Si bien es un proceso que todos podemos lograr, se hace mucho más sencillo y hasta automático incorporar esa habilidad cuando ha sido entrenada, lo que realizamos por ejemplo, en un proceso de formación en Coaching Ontológico Integral, donde además de recibir una formación metodológica en emociones básicas, mixtas y estados de ánimo, vives una inmersión emocional corporal, aprendes a autoindagarte, adquieres una escucha emocional de ti y de los otros, lo que como consecuencia, te permite comprender, coordinar y relacionarte con mayor efectividad contigo y con otros.  No obstante, también es posible comenzar individualmente esta autoindagación y educación emocional de forma individual, comenzando a observar y notar nuestro emocionar.

De hecho, la invitación inicial si estás queriendo conocer más de tus emociones, es comenzar a observarlas, escucharlas y saber qué estás sintiendo en un determinado momento: si detectas en qué te encuentras y tienes una conversación contigo mismo sobre “qué me está queriendo mostrar esa sensación que tengo”, ya estarás en camino a hacerte cargo de ella, lo que permitirá modular su intensidad y especialmente canalizar esa energía en virtud del resultado que deseas obtener para tu vida

3 pasos iniciales para hacer de las emociones tus aliadas:

  • Identifica esa sensación hasta que puedas llegar a nombrarla: A partir de las descripciones que ya leíste y otras que puedes encontrar documentadas, puedes encontrar un mapa básico que te permita identificar en dónde te encuentras y cuál es el núcleo de lo que te llevó hacia ese estado emocional. Poder nombrarlo y empezar a explorar desde ese punto inicial es el comienzo del alivio.
  • Hazlas cuerpo, permítete expresarlas: Recuerda que ellas tienen una función, por lo tanto es relevante que le brindes espacio al impulso vital que te están invitando a seguir, de modo que no acumules cargas que podrías liberar de forma práctica, cuidadosa y simple. Por ejemplo, si tienes rabia, golpea un cojín en la privacidad de tu habitación o ponlo sobre tu boca y GRITA, el efecto será tan liberador como inofensivo. Si tienes tristeza, llora o quéjate todo lo que necesites, sin pudor y luego sacúdete, salta, mueve las extremidades, date un baño y disfruta del alivio de sacar esa carga excesiva de tu sistema.
  • Elige modificarla, equilibrarla o incrementarla según el resultado que busques: Ya identificada y libre de expresarse, revisa si eso que estás sintiendo te predisponen a las acciones que necesitas para conseguir el resultado deseado, y si no es así, puedes cambiar tu estado emocional mediante tu cuerpo y mundo sensorial: el movimiento como ya vimos es una herramienta poderosa (¿sabías que incluso el cuerpo es capaz de entrar en una emoción solamente mediante un esquema específico de respiración? ¡Cuánta sabiduría biológica!), y también puedes ayudarte con la música: sí, una “canción alegre”,  una “canción rabiosa” o la que elijas para la emoción que quieres integrar, pueden ser perfectos inductores para transitar de un estado a otro, une compás musical y tu disposición corporal y experimenta las posibilidades que puedes conseguir.
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